lunes, 22 de septiembre de 2008

La Manzana Prohibida

Apenas veía con los ojos inundados en lágrimas, pero torpemente e incapaz de controlar ese temblor nervioso que afloraba directamente del nudo en el que acababa de convertirse su estómago, acertó a poner aquella canción 'Don't say you love me'...

«No digas que me quieres nunca más.
No digas que me necesitas, si no vas a estar.
No me des este sentimiento, en el que siempre creeré.
Si no vas a hacerlo realidad, llévatelo todo lejos... »

No paraba de llorar y escuchar la canción una y otra vez, mientras apartaba tiernamente los flequillos de los ojos de Eva. Adoraba esos hermosos y pequeños tirabuzones negros, tras los que unas alas de mariposas, disfrazadas de pestañas, jugaban a esconder la inmensidad del Universo encerrada en los ojos más bellos que jamás hayan existido. Sin embargo, su mirada se había apagado para siempre…

Besó por última vez esos labios de miel con alma de rosa, la más hermosa del jardín, ya despojada de esas espinas, que ella siempre le clavaba cruelmente en el corazón. Intentó secarse aquel manantial de lágrimas, que le brotaba incontroladamente de los ojos y soltando suavemente, en mitad de la cama, aquella cabezita angelical que tanto amaba, empezó a buscar desesperadamente por el suelo alguna de las manos, para sentir una vez más su tacto de nubes de algodón.

No podía distinguir nada con tanta sangre por todas partes, tan roja, espesa y caliente, y de pronto se sorprendió a sí mismo sonriendo, al pensar lo mucho que la misma Eva, se parecía a su propia sangre. Quizá por eso no le asqueaba, al contario, la sangre era un imán que le atraía poderosamente y de la que tenía que impregnarse y beberla, como había bebido otras veces de sus labios, esos de miel y los otros de pomelo.

Todo estaba destrozado a su alrededor, muebles, cuadros, adornos, el cuerpo de Eva...

Bajo las sabanas había una pierna, parecía la derecha, pero no pudo distinguirla bien, porque le faltaba el pie, que debía ser aquel trozo con dedos, que no paraba de sangrar junto al brazo que colgaba del cajón abierto del armario, que seguramente debió llegar allí después de haberlo lanzado contra la puerta. Miró aquella foto de los dos en Nueva York, pero estaba borrosa, le había salpicado la sangre y tenía un trozo de carne pegado en el Empire State que parecía parte de un dedo, por aquella cosita blanca que le asomaba, aunque también podía ser parte de la oreja...

Cerró los ojos con rabia y apretó los dientes y los puños con fuerza, tomó aire profundamente y se desplomó, cayendo encima de lo que quedaba del torso de su amada, que aun estaba caliente, suave y voluptuosa. La acarició, la besó y se dio cuenta de que no podría volver a hacerle el amor jamás ¿cómo iba a vivir sin tenerla a su lado? Había matado lo único que le daba vida.

Eva, la mujer, la primera, su manzana prohibida. Eva, la compleja sencillez de la fuerza y la delicadeza hecha pasión y dolor, siendo la nada y su todo. Eva y el brillo de cada uno de sus gestos que tiranizaban la sensualidad hasta llevarla al extremo de irradiación natural más puro de la belleza perfecta, con su forma de hablar, de escuchar, de mirar, de moverse, de respirar, de... de vivir tan sólo. No podría volver a ver sin la luz de su sonrisa, no quería oir más si no podía escuchar su canto de sirena, no sabría respirar sin su olor, no comería de este amargo mundo, porque sin ella no existía la dulzura, pero sobretodo sería incapaz de sentir sin volver a tocarla, sin acariciar cada milímetro de su cuerpo perfecto, cada poro de su piel que emanaba vida y la hacía tan física que tan sólo al rozarla podía sentirse a sí mismo y sentir su amor y alcanzar lo interminablemente inalcanzable, desbordar la nada y el vacío que ahora jamás se volverían a llenar, porque sin ella volvía a ser esa persona sin nada en la vida, destructiva y autodestructiva.

¿Qué había hecho? Un segundo antes le estaba pidiendo una oportunidad como la que él siempre estaba dispuesto a darle o al menos una explicación a su decisión de volver a abandonarlo. Pero ella nunca quería hablar las cosas y eso le hacía enloquecer. La había matado y descuartizado con la misma sangre fría, que ella lo había abandonado tantas veces y después volvía, pero ya no volvería más, ni volvería a decir que le necesitaba para después no estar, ni volvería a darle ese sentimiento en el que eternamente creería, porque se lo había llevado todo lejos para siempre...

Cogió la pistola, no merecía vivir, pero pensó que había un castigo mayor que morir. Cerró todas las puertas y ventanas de la casa con cadenas, después se encadenó a una pata de la cama. Se tragó la llave y se tumbó entre la sangre y los restos de Eva, hasta que su culpabilidad hiciera con su mente, lo que él le hizo con sus manos.

Pasaban los días en aquella sempiterna oscuridad torturándose, pensando en lo que pudo ser y no fue, si tan sólo hubiese aceptado su silencio. Y pasaban los meses consumiéndose entre la carne putrefacta, dándose cuenta de que la tendría que haber dejado marchar sin más. Y pasó el tiempo y supo entonces, que si de verdad la hubiese amado, habría comprendido todo eso antes y jamás le hubiera devuelto todo el daño que ella le hizo, jamás la hubiera matado.



Nota: este fue mi primer relato... hace 10 años ya de eso. Hoy, ojeando entre mis escritos encontré la revista del instituto donde fue publicado........ ¡Dios, qué 18 años más duros...!

7 comentarios:

JOSE ANTONIO dijo...

Muy bueno y más para los 18 años.

Juan Antonio dijo...

En efecto, la habría dejado marchar. Por más sufrimiento que eso representara. La amaba, ¿no?

Tu Eva más me parece Lilith, la primera compañera de Adán, independiente, un ser que aspira a ser libre, a amar sin límites ni barreras. Un ser condenado por la sociedad a ser maldito, a buscar refugio entre los demonios lujuriosos del Mar Rojo.

Conoces la historia de Lilith? El cuadro de Collier es para enamorar a cualquiera. En mi blog le dediqué una entrada.

Un relato duro, impactante, espléndido. Besos.

Sielitolindo dijo...

Jose Antonio, Muchas Gracias. La verdad es que creo que escribía mejor antes que ahora... Además, antes escribia en un montón de sitios, aparte de la revista del instituto. Ahora a los 28 y a pesar de tener unos cuantos blogs, elimino casi todo lo que hago, no me gusta y a veces me da la sensación de que no se va a entender... no sé, inseguridad me imagino........

un besote

Sielitolindo dijo...

Juan Antonio, precioso, has dado en el clavo, hace un tiempo escribí un relato sobre una Lilith que quería ser Eva, pero no podía evitar ser Lilith...

He visto tu post de Lilith (29 de agosto) y te he dejado un comentario... me encanta ese tema o quizá es que soy muy géminis...

Gracias corazón

un besote

Manu dijo...

relato de "la primera época" y deberes con lo de lilitn, 2 x 1, mu bien.

Nefer dijo...

Genial niña... pero que manera de hilvanar la historia... no has pensado en escribir un libro?

Sielitolindo dijo...

Manu ¡no iba yo a ser menos que el carrefour...! jajajaja... menuda personaja era yo, que hasta le hice una entrevista a Ana Rosa Quintana para la revista de mi instituto... jajaja!!

Nefer, cielo, creo que me sobrevaloras, mi escritura no genera ningún tipo de interés. Pero muchas gracias, eres un solete!!!

Mil y un besos