sábado, 4 de octubre de 2008

Mon Dieu!


-Hace frío…

-Ah ¿si? Yo no siento nada…

-¿Por qué lo haces?

-Mañana es su cumpleaños.

-Bonita forma de celebrarlo…

-No lo entenderías…

-Pues explícamelo -Francois se acomodó en la barandilla, dispuesto a escuchar los argumentos de aquel desconocido-.


Resultaba curioso que llamasen a París la ciudad de la luz, tan sólo eran las dos de la madrugada y apenas se distinguía la silueta de esos horribles angelitos que colgaban del puente Alexander III.


-Verás amigo, ella me dio la vida…

-¿Eso no lo hacen las madres…?

-Entonces ella es la madre de mis sentimientos y mis sentidos… Cuando la vi por primera vez, descubrí la belleza, la hermosura de su luz... Al oír su voz entendí lo que era una melodía, la voz de mis anhelos, la sinfonía de sus placeres colmados por mí... Su esencia de mujer despertó mis instintos hasta entonces desconocidos, el aroma de lo dulce y salvaje... Su sabor e…

-Por favor ¡para! Es patético ¿me vas a hacer poesía de cada uno de los sentidos, mientras cuelgas de la barandilla de un puente, apunto de lanzarte al Sena?

-Te dije que no lo entenderías… ¡NO LA CONOCES!

-Claro que la conozco… La sueño cada día, la veo en cada esquina…


Pierre se dio la vuelta y clavó su mirada en Francois ¿cómo podría él conocerla? Ni siquiera había dicho su nombre…


-¿De qué la conoces?

-De buscarla toda la vida… De perderla cuando creía haberla encontrado… De amarla más que a mí mismo… -Francois tenía la vista perdida en la oscuridad frente a él, donde se intuían las aguas del río. En su mente proyectaba recuerdos de grandes amores-. No lo hagas… No te mates por ella…

-No lo hago por ella ¡es que no puedo vivir sin ella!

-¿Y por qué tienes que vivir sin ella?

-Porque no me ama como yo la amo.

-¿Y como te ama?

-Como a un amigo...

-¡Ah! Entiendo…


Francois se dio la vuelta y se marchó, sin decir una palabra más. Tomó la avenida de Wiston Churchill en dirección a la parada de metro de Campos Elíseos. Caminaba con las manos metidas en los bolsillos del abrigo, tratando de protegerse inútilmente del frío, ese que sólo él acusaba de vez en cuando, el frío que le salía de dentro hasta en agosto.


Como siempre pensaba en Inés, la chica que le enseñó a amar en su juventud, cuando vivía con su familia en Clermont-Ferrand. Ella era hija de emigrantes españoles, una chica muy rara, algo salvaje… Estaba completamente enamorado de ella, incluso se enrollaron un par de veces, pero Inés pasaba de él. Cuando estaban juntos se burlaba de su nombre, decía que odiaba a todos los que se llamaban “Francois”, pero a él no le importaba, ella era diferente, era preciosa, lista, graciosa, libre, peligrosa… Estaba obsesionado con ella, la veía por todas partes, en las tostadas del desayuno, en los libros, en la televisión… ella estaba en el aire que respiraba.


Veinte años después, sin saber nada de ella, la seguía viendo en cada detalle de su vida, la seguía buscando en todas las mujeres. Ninguna tenía su tacto, su sabor… la luz de su mirada, el brillo de su sonrisa… esas ocurrencias, esa ironía… esos besos…


A Inés le gustaban los hombres mayores, lo último que supo de ella es que se había casado con un empresario diez años mayor que ella, un auténtico gilipollas, era hasta calvo… Monsieur Verdoux.


Al bajarse del metro, Francois pensó que sería mejor ir a emborracharse a aquel tugurio de jazz antes que meterse en la cama pensando en Inés y en aquel tipo raro del puente ¿Se abría lanzado al agua finalmente? Pobre infeliz, pero la verdad es que le daba igual.


El teléfono no paraba de sonar, era como una maldita máquina taladradora en su cabeza que aun flotaba entre el Ron & Jazz de la noche anterior. ¿Quién narices llamaba con tanta insistencia a las once de la mañana de un sábado…? “oh, mon Dieu!”


-Allo?

-Francois hijo…

-Mamá estaba durmiendo, es sábado por la mañana…

-Hijo perdona, papá y yo salimos para Clermont-Ferrand. Vamos al entierro de Monsieur Verdoux…

-¿¡Monsieur Verdoux!? ¿¡El empresario de Clermont-Ferrand!?

-Sí… ¿No has visto las noticias?

-No, te he dicho que estaba durmiendo…

-Anoche se mató. El hombre andaba mal desde que su mujer lo dejó…

-¿Inés?

-Sí, la hija de los españoles… ¿No te lo conté? Ella se ha vuelto a casar ¡nada más y nada menos que con el alcalde! Y fíjate que es 17 años mayor que ella…

-¡Qué más da eso, mamá…?

-¡Pobre Pierre!

-¿Quién?

-¡Monsieur Verdoux! El exmarido, estaba destrozado… anoche en París, se tiró desde el puente Alexander III… Ha muerto…



9 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta. Sólo le veo un problemón: no he sido capaz de escribirlo yo. Ahora tendría que plagia´rtelo, pero eso no se hace.
Estas cosas me joden tanto que no sé si mentarte a Madonna o a Iu (por cabrearte, nada más). :-)
Rigoletto

Jesús Lens dijo...

Precioso homenaje y preciosa forma de contarlo. Mr. Verdoux.

Alfa79 dijo...

Ese amor de Francois por Inés era casi, como el amor araña.
Este relato es tan sugerente como sorprendente, aunque, la realidad siempre supera nuestras ficciones.

¿ Se suicidará -a continuación- el alcalde, para que Inés deje de ser sólo un pensamiento idealizado en la mente de Francois?

Me gustó el relato. Alfa79

Juan Antonio dijo...

Vane, me matas otra vez. Ese Pont Alexandre III que es como un suspiro imposible, ese oscuro y gélido amanecer en París, esa enorme Edith Piaff, que lo llena todo con su voz sugerente, cálida... Y ese texto, Vane, inquietante, doloroso incluso.

Me matas. Y lo peor es que me gusta. Ay.

Sielitolindo dijo...

Hola Mis Niños!!! que alegría llegar a casa y veros por aquí...

Rigo, no exageres, el relato es supermediocre, ya no sé ni escribir si quiera...pero gracias por tratar de subirme el ánimo...

Jesús, tenías que ser tú el que te dieses cuenta de Mr Verdoux...¡¡qué te gusta el buen cine!!

Alfa ¿amor araña? que la realidad supera la ficción no lo dudes, si tú supieras... Así que NO, el alcalde no puede morir, no por Dios...

Juan Antonio, mi niño, es que así es como lo llevo dentro...más no te puedo decir...

No me puedo creer que os gusten mis relatos, creo que sois demasiado buenos conmigo...

Mil y un besote Preciosidades!!!

Anónimo dijo...

Vane, me encantan los quiebros finales. ¡Gracias por el relato! Muy bueno.

Claro

Sielitolindo dijo...

Gracias Claro, preciosa!!

Ironías de la vida...nos rodean!

un besote

Nefer dijo...

Vaya historia Sielito, mas dejao con el suspiro ahogado al final... como escribes tía!

Besillos

Sielitolindo dijo...

Nefer, muchas gracias, pero de verdad que no es modestia, yo no pienso que escriba bien... De hecho cada vez que publico algo es porque un amigo me dice que le gusta, pero no sabes cuantos textos borro al día... me veo muy mediocre y previsible... no sé... bueno, gracias por los ánimos!!

Un besote